Cerrando tus ojos a la vida
te has ido a correr por tantos valles.
Con pisadas de niño, recorridas,
esas rutas que tal vez hoy llaman calles.
Cuanto verde en la montaña,
cuanta piedra en la cantera
y el cañón Cristóbal baña
cual bautismo, tu alma entera.
Memorias como cauce sin río
y un jíbaro corriendo descalzo.
Barranquitas en su poderío
antes del eterno descanso.
Y sigues tu recorrido,
Helechal, Palo hinca ‘o, La Vega.
El río Usabón, invade tu sentido.
Bajo un árbol de yagrumo, la entrega.
Guayabales que sacian el hambre,
acortas distancias para que el viento vibre,
brincando cual cerrero los alambres,
llegando a la montaña: eres libre.
Barrancas, Quebradillas, Cañabón.
El rancho de tabaco del abuelo.
Quebrada Grande, Honduras, El Portón,
para luego terminar llegando al cielo.
©®2010
te has ido a correr por tantos valles.
Con pisadas de niño, recorridas,
esas rutas que tal vez hoy llaman calles.
Cuanto verde en la montaña,
cuanta piedra en la cantera
y el cañón Cristóbal baña
cual bautismo, tu alma entera.
Memorias como cauce sin río
y un jíbaro corriendo descalzo.
Barranquitas en su poderío
antes del eterno descanso.
Y sigues tu recorrido,
Helechal, Palo hinca ‘o, La Vega.
El río Usabón, invade tu sentido.
Bajo un árbol de yagrumo, la entrega.
Guayabales que sacian el hambre,
acortas distancias para que el viento vibre,
brincando cual cerrero los alambres,
llegando a la montaña: eres libre.
Barrancas, Quebradillas, Cañabón.
El rancho de tabaco del abuelo.
Quebrada Grande, Honduras, El Portón,
para luego terminar llegando al cielo.
©®2010

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