Ya no hay abrazos como los tuyos
ni el amor de tus miradas,
ni el sentimiento, ni el orgullo
con el que fui por ti amada.
Me haces falta, este gran vacio
abre la brecha, brota el dolor;
se entristece el corazón mío.
Insustituible tu gran amor.
Escucho llamarte desde la entrada
donde sembrabas con mucho amor,
aquella tierra, ya abandonada
también extraña tu gran calor.
Se acorta el tiempo, aunque sea largo,
al recordarte mirando el cielo.
Se torna dulce mi ser amargo
porque en mí vives, querido abuelo.


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